"¡Una gran cosa, una revelación de importancia, y muy bien interpretado, con el grado justo de fervor! Lo compré tan pronto como salió al mercado." Bruno Turner "Hay varias sorpresas en esta grabación, comenzando por el repertorio - música española sacra del siglo XIX, mucha de la cual se graba aquí por primera vez y casi toda ella desconocida para los oyentes de música coral...cualquiera que se sienta a gusto en el profundamente dramático mundo sonoro -de texturas densas y armonías expansivas- de compositores como Fauré, Liszt y Bruckner encontrará mucho que disfrutar en este CD, tan generoso en cuanto a minutos de grabación (casi 80). Otra sorpresa es el Coro Cervantes - un ensemble profesional basado en Londres "dedicado exclusivamente al repertorio hispano clásico" - ¡una especialización de lo más exclusiva! Como se trata de un coro inglés, no ha de sorprender que el nivel de ejecución del ensemble sea excepcionalmente alto, y tanto a un nivel técnico como interpretativo no se puede sacar ninguna falta. (Me parece interesante e inusual no reconocer el nombre de ninguno de estos cantantes como miembros de los grupos londinenses más establecidos, lo que recalca aún más la exclusividad y compromiso de este coro con su ajustado repertorio). La mayoría de los oyentes disfrutarán de este programa y apreciarán obras tan ambiciosas y trabajadas como el Ave María de Vicente Goicoechea (1854-1916) o la Salve Montserratina de Tomás Bretón (1850-1923) Salve montserratina. Hay aquí mucha música fascinante que merece la pena oír, por lo menos por la valiosa importancia histórica y contextual..en la interpretación de este excelente coro". -- David Vernier Revista Gramophone - Octubre 2002: Una entretenida visión británica de la inusual música coral española del siglo XIX. Los avatares políticos en la España del siglo XIX han sido eclipsados por los del siglo siguiente, pero, tal como apunta Carlos Aransay en el fascinante ensayo que acompaña a este CD, durante la casi totalidad del siglo XIX las maniobras políticas tuvieron un efecto absolutamente catastrófico en la música sacra española. Teniendo en cuenta la abolición de órdenes religiosas y escolanías, cómo se diezmaron las capillas musicales y el hecho de que sólo los sacerdotes ordenados tuvieran permiso para interpretar música en las iglesias, parece increíble que Aransay haya conseguido encontrar suficiente música de calidad para llenar un sólo disco, y aún más de una manera tan generosa. Ciertamente algunas de las obras son de compositores poco conocidos, como Vicente Goicoechea -representado por una suntuosa versión a cappella del "Christus factus est" y un distinguido "Ave María" para voces masculinas y órgano - y Amadeo Vives, cuyo "O Salutaris" -sin duda muy operístico- sirve de espléndido vehículo para la acalorada voz de Debra Skeen. Pero también encontramos una cantidad sorprendente de nombres cuyas reputaciones se consolidaron en campos muy diferentes: Albéniz, claramente adelantándose a la música sacra de Poulenc en su versión -de rica expresión- del Salmo VI, Arriaga y Granados, ambos con lo que se podría llamar un enfoque mendelssohniano, Sor, cuyo precioso ejercicio en polifonía italiana -casi del siglo XVII- da título al disco y Falla. La rica polifonía de la cantata Atlántida de este último es tal vez la verdadera obra maestra de este disco. A pesar de lo bella y precisamente que canta el Coro Cervantes, no podemos olvidarnos de que es un coro británico, ni de que el suave órgano y la cómoda acústica, tan admirablemente captada en esta bella grabación, pertenecen a una universidad de Oxford (Exeter) y no a una catedral española. Y aún con estas características tan anglicanas, estos cantantes, bajo la clara y concentrada dirección del totalmente español Carlos Aransay, nos revelan una música -mucha de la cual se graba aquí por primera vez- que posee un valor que va más allá de la simple curiosidad; es un disco para disfrutarlo en muchos niveles. Marc Rochester Boletín Diverdi - Noviembre 2002:Un descubrimiento: el XIX coral español"Más entre las naciones/que por varios caminos/del arte apuran hoy las invenciones/empleadas en cánticos divinos,/¡oh, cuánto sobresales,/antigua Iglesia hispana!» Los versos del canto tercero del poema La música (Madrid, 1779), de D. Tomás de Yriarte, fueron escritos mucho antes de las piezas contenidas en el disco que vamos a comentar, pero reflejan una realidad. El propio Yriarte da nombres en su poema, los de Patiño, Roldán, García (Fajer), Viana, Guerrero, Victoria, Ruiz (Samaniego), Morales, Literes, San Juan, Durón y Nebra. Y podría haber añadido muchos más cuya obra sacra no palidece junto a la de los autores citados. Estamos ante un CD excepcional por todo. Por la novedad del repertorio, la importancia histórica del mismo y la calidad de la interpretación. Su portada, con el impresionante Cristo de Velázquez, sólo nos dice O Crux, Spanish Choral Music. O Crux es el título de una de las piezas, pero se contienen hasta diecinueve obras. Salvo la que va en último lugar, la Salve en el mar de Atlántida, de Manuel de Falla, son todas composiciones del siglo XIX, y sus autores van desde Fernando Sor y Juan Crisóstomo Arriaga hasta Albéniz y Granados. Lo sorprendente es que estas piezas corales de carácter sacro -y de una gran belleza la mayoría- sean prácticamente desconocidas. Once de ellas son cantadas a cappella, y las ocho restantes con acompañamiento de órgano. Las interpreta un magnífico grupo inglés, el Coro Cervantes, fundado en 1995 por Carlos Fernández Aransay, inquieto y preparadísimo maestro español, bajo los auspicios del Instituto Cervantes de Londres. Aransay ha dedicado este coro profesional a la interpretación de la música ibérica y latinoamericana, y su trabajo, a tenor de lo alcanzado en esta grabación, merece todas las ayudas y el apoyo de las instituciones iberoamericanas. Aransay -al igual que el célebre grupo The Sixteen, de Harry Christophers- cuenta en el Coro Cervantes con dieciséis voces, cuatro sopranos, cuatro contraltos, cuatro tenores y cuatro bajos. Eso permite una transparencia y una flexibilidad interpretativa que deja en el olvido las viejas lecturas con grandes coros. Si a eso añadimos que Aransay ha sabido extraer la fuerte expresividad inherente a tantas producciones de la polifonía española, podemos decir que estamos ante un disco destinado a marcar un hito en la interpretación de la moderna polifonía española, y ello no sólo por las varias premières mundiales contenidas en él. Tiene razón Fernández Aransay cuando alude a las terribles vicisitudes que el siglo XIX trajo a las capillas musicales de catedrales y monasterios españoles. Pero el pasado, la gloriosa tradición polifónica del país, asomaba aquí y allá en músicos como Sor, cuyo depurado clasicismo, visible en su conmovedor motete O crux, ave spes unica (Madrid, 1804), le venía de su aprendizaje en la escuela montserratina de los Cererols, Martí, Viola, etc. Y también surge la tradición en el genial Arriaga, cuyo elegante clasicismo se aprecia en el O salutaris hostia, y aún más en ese retorno a la gran polifonía castellana del siglo XVI, toda emoción y sobriedad, de Vicente Goicoechea. Es el vasco uno de los hombres clave en la aplicación del Motu Proprio del Papa X (1903), a partir del Congreso Nacional de Música Sagrada (1907) de Valladolid. El congreso fue consecuencia del movimiento cecilianista europeo, el cual propugnaba un retorno al gregoriano, a la polifonía palestriniana y al órgano como instrumento por excelencia de la Iglesia. Intenso, apasionado, es el Salmo VI del Oficio de difuntos, de Isaac Albéniz, compuesto en 1885 para una colección que se dedicó a la reina María Cristina al fallecer el rey Alfonso XII. Publicado por Jacinto Torres en 1994, vuelve a poner de actualidad al gran compositor, que no lo fue sólo de obras para piano. También está representado el siempre peculiar y poético Enrique Granados en dos piezas: una ingenua plegaria catalana tratada «en estilo gregoriano» que además es la única dentro de este disco en la que el órgano (a cargo del excelente Tansy Castledine) tiene pasajes a solo. Bellísima la Invocación a la Trinidad -un suspiro que es una joya- de don Manuel de Falla, cuya moderna y misteriosa Salve en el mar, en lengua castellana, también impresiona. Amadeo Vives enseña su talento en la hermosa melodía para soprano y coro sobre el O Salutaris, y lo propio hacen Pedrell, con dos severos ejemplos (muy delicado y expresivo el segundo, O gloriosa Virginium), y Barbieri, cuyas dos piezas a cappella denotan un hondo conocimiento de la polifonía renacentista. Su responsorio Libera me domine, de un romanticismo casi verdiano, evidencia su sentido de lo dramático y un especial cuidado en atenerse al contenido del texto. El montañés Jesús de Monasterio, gran violinista a la par que sincero y quijotesco cristiano, nos ha dejado una serie de composiciones religiosas que en algunos casos son fruto de su amistad con doña Concepción Arenal. En cuanto al aragonés Nicolás Ledesma, tantos años al frente de la capilla de la Catedral de Santiago en Bilbao, se acoge, esta vez sí, al estilo melódico italianizante que perjudicó a tanta música religiosa del XIX, ese resabio operístico que también se aprecia en la Salve montserratina de Bretón, por otra parte muy hermosa en sus incrustaciones gregorianas.Pero eso no ocurre para nada en los motetes a cappella de Hilarión Eslava. Frente al italianizante Miserere de Sevilla, el músico navarro nos deja en O sacrum convivium la prueba más evidente de su sabiduría contrapuntística y de su irrenunciable melodismo, y en Bone pastor esa intensidad dramática que enlaza con la obra inmortal de Tomás Luis de Victoria. Enhorabuena, Coro Cervantes, por este disco, un verdadero regalo espiritual que resulta indispensable para ahondar en el conocimiento del patrimonio musical español. ¿Cuándo os podremos escuchar en Madrid? Andrés Ruiz Tarazona Gramophone: Elección de los críticos/CDs del año 2002 "Para mi disco del año, vuelvo a una colección encantadora de música coral española poco conocida exquisitamente interpretada por el Coro Cervantes bajo la dirección de Carlos Fernández Aransay, cuyo título , O Crux, es el de una bella pieza de Fernando Sor." Marc Rochester FILOMUSICA (www.filomusica.com) Diciembre 2002 O Crux, un disco revelador -Vives, Barbieri, Bretón, Falla, Albéniz, Granados... todos
juntos en un sólo disco en el que no hay ni zarzuela, ni amores brujos, ni
iberias, ni goyescas. Un disco que sorprende por la coherencia y calidad musical del
programa y que brinda al aficionado la oportunidad de tomar contacto con obras
prácticamente desconocidas. A medida que se profundiza en la escucha uno tiene
la sensación de ir descubriendo verdaderas joyas musicales -y no exageramos un
ápice- pues es uno de esos discos que cuanto más se escuchan, más se
disfrutan. El Salmo VI del Oficio de Difuntos de Albéniz rinde homenaje a los grandes maestros del pasado. Su aparente sencillez da pie a un mensaje recogido en espíritu aunque de contenido dramático. Su desnudez se ve acentuada por el sosegado tempo marcado por Aransay que brinda una lectura serena aunque con momentos de contenido apasionamiento. De gran belleza expresiva resulta la parte central de este motete así como la inquietante y creciente intensidad dramática que culmina en la frase “Salvum me fac propter”. En contraste, el final es suave y silente. Estatismo y gravedad son las notas dominantes en el Christus
Factus est del vasco Vicente Goicoechea. Un buen ejemplo de polifonía
desnuda, sin artificios, es la obra, de efecto balsámico, que da título al
disco: O Crux de Fernando Sor en la que podemos apreciar la perfecta
compenetración entre las diferentes cuerdas del coro. Muy original y elaborada
resulta la Salve montserratina de Tomás Bretón que combina canto llano
y polifonía con un toque de modernidad en los juegos entre voces y órgano como
en “gementes et flentes”. De ecos wagnerianos es el motete Sacrum Convivium de Hilarión Eslava cuyos guiños a los coros del maestro alemán no pueden pasar desapercibidos. Su Bone Pastor presenta también momentos de gran belleza potenciados por la expresiva dirección de Aransay. Con estos dos ejemplos, el navarro Eslava, autor de la gran antología de música religiosa española Lira sacrohispana, demuestra su faceta de gran compositor de música religiosa (Te Deum, Miserere, etc). De Pedrell, máximo exponente del wagnerismo catalán y gran
conocedor de nuestra polifonía renacentista, tenemos dos muestras de las que
destacaremos el intenso A solis ortus en solemne y expresiva interpretación.
Otro favorito es el O Salutaris del lamentado Juan Crisóstomo Arriaga,
una pequeña joya impregnada de sereno clasicismo. Si con menos de veinte años
era capaz de componer cosas así, es fácil pensar a dónde habría llegado de
haber vivido más tiempo. Las sopranos tienen ocasión de lucirse en L’herba
de l’amor de Granados, una plegaria en estilo gregoriano, cantada en
catalán y dedicada a "La Moreneta". Hermoso final con una breve pero
intensa frase solista "Cap al Cel me'n volaria" a cargo de Lucy Crowe
y respondida por coro y órgano. Sin duda, estamos ante uno de los discos más originales y reveladores que han llegado a nuestras manos en este año que ya termina. Si FILOMUSICA otorgara premios a los mejores discos del año, nuestro voto se lo llevaría esta fascinante recopilación coral de autores españoles. Disco, por tanto, imprescindible para todos los amantes a la música coral. Ignacio Deleyto Alcalá
BBC Revista de Música Clásica en Internet (Disco de Portada) 8 Diciembre 2002 Si la mayoría de los oyentes británicos tiene una imagen de la música coral española, es de la música de los maestros del Renacimiento, como Victoria y Lobo, que aportaron un fervor especial al estilo contrapuntístico sin fisuras del siglo XVI. La música coral del siglo XIX español sufre de tal negligencia que la mayoría de las obras de este disco -elegido por los críticos de Gramophone como uno de los Cds del Año- aparecen aquí grabadas por primera vez. El Coro Cervantes -el único coro profesional del Reino Unido dedicado al repertorio clásico hispano- y su director, Carlos Fernández Aransay, tienen una clara misión de descubrir y recuperar. Su afán brilla en estas interpretaciones de una pasión equilibrada por una dirección bien matizada y la precisión del conjunto. La excitación de este descubrimiento es especialmente palpable en las primeras cuatro piezas del disco, que capturan en su embelesadora polifonía parte del espíritu y la técnica de los grandes del Renacimiento, desde el luminoso comienzo del salmo a cappella de Albéniz hasta el apasionado Christus Factus est de Vicente Goioechea, pasando por algunas espléndidas fanfarrias del órgano en la Salve Regina de Granados y una muestra perfecta -de un solo minuto-de un motete de Manuel de Falla. La aparición de grandes nombres como Albéniz, Granados, Falla y Sor en el inusual género de la música coral sacra es una de las mejores sorpresas de la colección. El disco merece la pena: dura casi 80 minutes y contiene 19 piezas, aunque un banquete tan rico requiere mucha digestión musical. Todas las obras menos una (sic) están en latín, y la acústica y el órgano de la Capilla del Exeter College de Oxford producen una textura algo uniforme, aunque maravillosamente dulce y llena de cuerpo en esta equilibrada grabación. Ayuda mucho cómo se ha pensado el programa del disco, con obras a capella alternándose con otras acompañadas por el órgano para variar la textura, y además está salpicado de solos vocales en varias obras. Además hay variedad de estilos y talantes, desde la intimidad sublime de las primeras obras del disco, más modernas, hasta las más ligeras y operísticas de Francisco Barbieri -que "pinta" de forma dramática su texto- y las obras de Pedrell, densamente silábicas. Si a veces la calidad de la música parece desigual, se trata probablemente de un reflejo justo de un periodo en el que la música eclesiástica española parece haber sido atacada por todos los flancos, pues primero las invasiones napoleónicas y luego el propio gobierno español se apropiaron de los bienes del clero, se cerraron capillas musicales y se prohibió que los músicos laicos actuaran en iglesias. No es de extrañar que, como resultado, la tradición coral se emprobeciera en cierta medida, lo que hace aún más impresionante el cuidado y el esmero que claramente se ha prestado en reunir esta colección de obras, casi toda ella de peso. Matthew Shorter http://www.bbc.co.uk/music/classical/reviews/coro_crux.shtml ABC CULTURAL 18 enero 2003Espiritualidad recuperadaPoco a poco se va haciendo la luz en el oscuro
túnel en el que quedó depositada la música española del siglo XIX. No es éste
el sitio para valorar su importancia, tan alabada por los más osados espeleólogos
musicales; tampoco para conceder tregua a quienes creen que el olvido que ha
sufrido es la mejor demostración de su insulsez. Los museos de obras maestras
como la costumbre ante lo excelso llegan a embotar el placer y, aunque sólo
fuera por esto, no viene mal refrescarse en otras aguas. Armémonos, por tanto,
de valor y abramos los oídos a nuestro más ignoto pasado musical. Los medios
están cada día más próximos pues personas como Carlos Fernández Aransay han
allanado el camino tras plantearse alguna sencilla pregunta: ¿y hay música
sacra española del XIX? Alberto González Lapuente Diari Avui - Barcelona Enero de 2003QUADERN DE MÚSICA -Pero si la polifonía española del siglo XVI es un repertorio habitual en los catálogos, la música coral sacra peninsular de los siglos XIX y XX es una rareza. O Crux, el disco que ha grabado para Guild el Coro Cervantes, surgido bajo la sombra de la sede londinense del instituto homónimo, llena un hueco importantísimo, con primeras grabaciones de partituras de Álbéniz, Granados, Vives, Bretón, Pedrell y Barbieri, entre otros. La alianza entre un grupo de disciplinadas voces británicas y la dirección de Carlos Fernández Aransay ofrece un resultado más que encomiable. Xavier Cester Organists' Review Mayo 2003Según
el conciso e informativo artículo del disco, nos ha de sorprender que, dados
los avatares políticos del siglo XIX español haya música sacra española. Fue
en 1903 cuando la importancia de dicho género fue restablecido. En este CD
tenemos casi 80 minutos de música excelente, interpretada por el brillante joven
director Carlos Fernández Aransay. Algunos de los compositores son bien
conocidos por sus obras en otros géneros, pero muchos otros los encontramos por
primera vez. La gran mayoría de estas piezas son estrenos discográficos. La
primera obra de este CD, un salmo del Oficio de Difuntos escrito por Albéniz,
es lenta, predominantemente en acordes y prepara bellamente el talante del
disco. La
Salve de Granados usa como interludios frases muy imaginativas para
órgano solo, mientras que la versión de Bretón un canto llano va
introduciendo un estilo más moderno. Una de las mejores piezas del disco es la Salve
de Ledesma, un organista de Aragón. El Salutaris de Vives lleva
acompañamiento de órgano con acordes repetidos en la mano izquierda y es de
carácter casi operístico; después de la soprano solista, el coro entero
entra para repetir el texto. La pieza de Arriaga, que murió con sólo 20 años
de edad en 1826, es mucho más delicada - quién sabe lo que habría escrito
este muchacho si hubiera vivido más tiempo. 0 Crux de Sor tiene
una bella línea melódica para las sopranos y las dos piezas de Eslava (tal
vez, mejor conocido por su exhaustivo método para órgano) son simples y
efectivas: Bone Pastor es una obra infrecuente en ritmo ternario. Las dos
piezas de Barbieri usan el texto de modo muy descriptivo y dramático,
interpretados con precisión por el coro. L'herba de l'amor de Granados
tiene un solo de soprano bellamente entonado (con texto en catalán), que
conduce a un tutti gradual de las voces. De talante similar es el clímax de Qui
manducat de Monasterio. Christus factus est de Vicente Goicoechea es
intensamente cromático. A pesar de que muchas de las obras son lentas y tienen
un talante oscuro, las obras tienen todas su propio encanto y el amor y
entusiasmo del director por esta música es evidente. El coro responde con una
interpretación excelente y disciplinada, y el acompañamiento al órgano de
Tansy Castledine nunca distrae. El libreto que acompaña el disco ofrece un interesante contexto histórico y breves notas sobre los compositores, detalles del órgano (Exeter College, Oxford), y algo muy útil para todos los que quieran explorar las obras por su cuenta: una lista de los editores. Para este crítico, todo ello ha supuesto una maravillosa introducción a la música coral española posterior al Barroco. Espero que Carlos Fernández Aransay haga muchas más grabaciones como ésta para traernos los tesoros de este repertorio. John Collins Mundo Clásico Diciembre 2003Tan interesante para la inteligencia como para el oído Pocas veces un disco me interesa tan francamente como éste. Pocas veces me presentan un repertorio tan desconocido y al mismo tiempo tan importante. Menos veces aun este descubrimiento de repertorio nuevo aparece en una versión de tanta calidad como la presentada por el Coro Cervantes de Londres. Y no es que se trate de compositores desconocidos o conocidos sólo por lo libros, al contrario, con la excepción de Vicente Goicoechea (1854-1916) y quizás Nicolás de Ledesma (1791-1883), los compositores recogidos en este disco son absolutamente famosos, y entre ellos están nuestros 'grandes compositores' nacionales: Falla, Albéniz, Granados, Arriaga, etc. Por lógica, y dadas la época -el largo siglo XIX- y ambientes culturales en que vivieron, era de suponer que todos ellos habían compuesto, en mayor o menor medida, obras religiosas. Pero ni la bibliografía usual, ni a veces los catálogos de obras completas, recogen estas piezas corales religiosas. Entre ellas hay algunas que parecen 'de circunstancias', pero también otras de gran interés musical. Las estéticas de las obras son bastante variadas. El Christus Factus est de Goicoechea es, a pesar de su fecha relativamente tardía, una obra en stilo antiquo, claramente dentro de la estética de la creación del mito de la música renacentista como 'Siglo de Oro', como también Qui manducat de Monasterio. Similar es el caso de la Salve montserratina de Bretón, formalmente renacentista en esa alternancia de la Salve gregoriana con las partes corales, pero donde además es evidente la referencia sonora al Requiem de Mozart y a las grandes misas del XIX. O Salutaris de Vives, en cambio, es un aria de salón como tantas, donde el piano es sustituido por un órgano (sin cambiar apenas el lenguaje instrumental) y el coro que le acompaña parece el de la ópera o zarzuela correspondiente. Similar es el caso de la Salve Regina de Nicolás de Ledesma, perfectamente enraizada en el estilo algo vacío de la música religiosa del XIX y en la música organística francesa. Finalmente L'herba de l'amor es un canto llano similar al tardo-medieval, a pesar de ser una de las pocas obras del disco que no está en latín sino en catalán, por supuesto con las características del canto gregoriano decimonónico anterior a Solesmes. La obra más 'moderna' del disco es por supuesto la Salve de La Atlántida, que ya no pertenece ni por época ni por estética a un disco dedicado a la música española decimonónica. Interpretativamente el coro se beneficia de toda la tradición vocal inglesa, de la cual, no hay que olvidarlo, han salido algunas de las mejores grabaciones de música española antigua (del Renacimiento y Barroco). Fernández Aransay, el director, puede estar justamente orgulloso de su coro -patrocinado por el Instituto Cervantes de Londres pero con una categoría que excede lo esperable en un coro institucional- así como de su trabajo concreto en este disco. El editor -a quien ha encantado el disco- me ruega que haga una solicitud al maestro Fernández Aransay: que en sus próximos trabajos tengan presente las obras corales del pianista gaditano Sixto Pérez, exiliado en Londres por obra y gracia de Fernando VII, y fundador en aquella ciudad de una 'Capilla Española', precursora de este Coro Cervantes. Maruxa Baliñas
RITMES www.ritmes.net Música de Falla, Sor, Albéniz,
Granados, Arriaga, Pedrell... Un cor anglès fent música sacra espanyola... el
resultat és immillorable. Afinació, bon gust, bon enregistrament: un disc per
a tot aquell a qui li agradi la bona música coral. De les dinou obres, dotze es
graven per primera vegada, i ja tocava. Algun dels fragments no té res a
envejar a músiques europees semblants. Qui diu que ja està tot gravat?
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